En qué situaciones absurdas
se encuentra un usuario de teléfono celular con problemas. Después de 15
minutos de escuchar a Echarri, Pettinatto, Nico Vazquez, Maju Lozano, Susana
Giménez y otros tantos pelotudos reciclables haciendo apología de Claro, y repitiendo
sin convicción textos vacíos y sin sentido escritos por esos geniales creativos
de las agencias de publicidad que leen la Pronto y erutan Aristóteles, con sus sacos de
corderoy y sus deportes de riesgo practicados en Villa La Angostura o en algún lugar
que te dé imagen de copado, tengo que hablar con una mina de acento
centroamericano irreconocible, pervertido por la penetración cultural, en vaya
a saber qué lugar del mundo en donde a los cuervos de Claro les sale más barato
emplear gente, para tener más ganancia y así su mujer se pueda hacer los
tratamientos de rejuvenecimiento y la nena pueda evadirse del vacío y de sus
carencias afectivas; después de toda esta espera la tensión es tal que me
siento en un concurso donde se jugara todo el premio en una pregunta; de hecho
la pobre chica me pregunta algo, pero entre que no le entiendo el acento, y que
estoy hicnhado de esa espera absurda, le tengo que decir, casi en un clamor:
“No entiendo, me repetís la pregunta?” Para solucionar mi problema (no me llegan
las llamadas ni me figuran como perdidas tampoco) tengo que sacar mi chip,
ponerlo en otro equipo, llamar a mi número, “y si el ploblema pelsiste”
(textual), tengo que hablar DESDE OTRO NÚMERO a atención al cliente nuevamente.
Si Borges hace 60 años escribía una historia como esta, le hubieran dado con un
caño.
Yo pienso que los de Claro se deberían ir un poquito a la mierda. Y yo también. Y todos nosotros, por permitir que nos tomen de pelotudos.
Yo pienso que los de Claro se deberían ir un poquito a la mierda. Y yo también. Y todos nosotros, por permitir que nos tomen de pelotudos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario