lunes, 5 de noviembre de 2012

Escribe "El gil que pregunta": Viajar en colectivo en Rosario".

Hoy, como todos los días para todo usuario de colectivo (llamado por algunos “transporte público de pasajeros”, aunque se le podría llamar “cloaca”, porque creo que los soretes por la zanja viajan mejor que los rosarinos por el colectivo), enfrenté la tarea de viajar en el 126, que reíte de Indiana Jones en el Templo de la Perdición. Después del último aumento –por decreto- del boleto, mérito llevado a cabo por la intendenta con los mejores dientes de todo el socialismo, yo, a diferencia de muchos que prefieren ver el vaso de agua medio vacío, dije: “Ah, entonces ahora sí vamos a empezar a viajar mejor, con este aumento mejorarán las unidades, y sobre todo la frecuencia…” Después, ante los hechos, me di cuenta que estaba equivocado, entonces escribí esa misma frase en cartulina, recorté cada letra, hice un cono con cada una de ellas y me las fui metiendo en el orto, como castigo por ser tan pelotudo. Esta mañana me cansé de esperar el 126, por suerte lo esperé en la esquina del Sanatorio Laprida, así que en vez de acordarme de la madre de la intendenta y de las de los empresarios y funcionarios de transporte, me puse a contar la gente que entraba y salía del sanatorio. Tanto tardó en venir el 126, que llegué a contar 16 personas en muletas (apoyando pie izquierdo), otras 10 apoyando el pie derecho, dos nenes categoría cebollitas que se golpearon en un partido, 6 obreros de la construcción heridos por la falta de controles en sus trabajos y una chipacera que se dobló el pie por una baldosa floja.
El tan ansiado 126 llegó finalmente (si esa es la frecuencia a la hora pico, no quiero pensar lo que tardarán en otro momento del día!); cuando intento subir, veo que estaba repleto de gente, viajé con riesgo de vida en la escalera hasta que fui ocupando un lugar más privilegiado dentro del coche (que no es más que avanzar 1 metro hacia adentro, y date por satisfecho). Las más de 20 personas que estábamos paradas, mirábamos con una mezcla de envidia y admiración a los que estaban sentados, preguntándonos “Ay, cómo habrá hecho?” como si más que conseguir un asiento hubieran alcanzado el Nirvana. A eso se reducen las ambiciones del pasajero de transporte público en Rosario.
El calor en estos días es intenso, imagínense con el exceso de gente en el coche; lo que estuvo lindo fue que en un momento algunos empezaron a “compartir” pensamientos y vivencias: “Esto es una vergüenza”, decía una señora. En un momento el coche dio una especie de salto y un señor muy enojado dijo: “Capaz que tenemos suerte y eso que agarramos no fue un bache sino la cabeza de la intendenta”. Como ya el ambiente se estaba caldeando, y no sólo por el calor, me bajé y decidí viajar como los soretes, es decir, viajar mejor, y seguí a pie.
Pensando en el partido político al que pertenece la intendenta, y en medio de mi indignación, pensé “Si doña Alicia Moreu de Justo se levantara de su tumba…”
Pero después me tranquilicé: Si doña Alicia Moreu de Justo se levantara de su tumba, nada tendrían que temer nuestros socialistas. Siendo un ejemplo de austeridad, doña Alicia, ya en Rosario, hubiera viajado en colectivo, pero con todo lo que aumentó últimamente, tomarlo hubiera sido un lujo para ella. A vivir tampoco vendría, con el impuesto municipal en aumento también, a lo sumo podría vivir en la escalera de la Catedral.
Me voy a poner en campaña para hacerme un karting a bolilleros, como cuando era chico. Así en vez de pagar para viajar mal, gasto la plata en otra cosa…

El gil que pregunta.

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