Hoy, como todos los días para todo usuario de colectivo (llamado por
algunos “transporte público de pasajeros”, aunque se le podría llamar “cloaca”,
porque creo que los soretes por la zanja viajan mejor que los rosarinos por el
colectivo), enfrenté la tarea de viajar en el 126, que reíte de Indiana Jones
en el Templo de la Perdición. Después
del último aumento –por decreto- del boleto, mérito llevado a cabo por la
intendenta con los mejores dientes de todo el socialismo, yo, a diferencia de
muchos que prefieren ver el vaso de agua medio vacío, dije: “Ah, entonces ahora
sí vamos a empezar a viajar mejor, con este aumento mejorarán las unidades, y
sobre todo la frecuencia…” Después, ante los hechos, me di cuenta que estaba
equivocado, entonces escribí esa misma frase en cartulina, recorté cada letra,
hice un cono con cada una de ellas y me las fui metiendo en el orto, como
castigo por ser tan pelotudo. Esta mañana me cansé de esperar el 126, por
suerte lo esperé en la esquina del Sanatorio Laprida, así que en vez de
acordarme de la madre de la intendenta y de las de los empresarios y
funcionarios de transporte, me puse a contar la gente que entraba y salía del
sanatorio. Tanto tardó en venir el 126, que llegué a contar 16 personas en
muletas (apoyando pie izquierdo), otras 10 apoyando el pie derecho, dos nenes
categoría cebollitas que se golpearon en un partido, 6 obreros de la
construcción heridos por la falta de controles en sus trabajos y una chipacera
que se dobló el pie por una baldosa floja.
El tan ansiado 126 llegó finalmente (si esa es la frecuencia a la hora
pico, no quiero pensar lo que tardarán en otro momento del día!); cuando
intento subir, veo que estaba repleto de gente, viajé con riesgo de vida en la
escalera hasta que fui ocupando un lugar más privilegiado dentro del coche (que
no es más que avanzar 1
metro hacia adentro, y date por satisfecho). Las más de
20 personas que estábamos paradas, mirábamos con una mezcla de envidia y
admiración a los que estaban sentados, preguntándonos “Ay, cómo habrá hecho?” como
si más que conseguir un asiento hubieran alcanzado el Nirvana. A eso se reducen
las ambiciones del pasajero de transporte público en Rosario.
El calor en estos días es intenso, imagínense con el exceso de gente en
el coche; lo que estuvo lindo fue que en un momento algunos empezaron a “compartir”
pensamientos y vivencias: “Esto es una vergüenza”, decía una señora. En un
momento el coche dio una especie de salto y un señor muy enojado dijo: “Capaz
que tenemos suerte y eso que agarramos no fue un bache sino la cabeza de la
intendenta”. Como ya el ambiente se estaba caldeando, y no sólo por el calor,
me bajé y decidí viajar como los soretes, es decir, viajar mejor, y seguí a
pie.
Pensando en el partido político al que pertenece la intendenta, y en medio
de mi indignación, pensé “Si doña Alicia Moreu de Justo se levantara de su
tumba…”
Pero después me tranquilicé: Si doña Alicia Moreu de Justo se levantara
de su tumba, nada tendrían que temer nuestros socialistas. Siendo un ejemplo de
austeridad, doña Alicia, ya en Rosario, hubiera viajado en colectivo, pero con
todo lo que aumentó últimamente, tomarlo hubiera sido un lujo para ella. A
vivir tampoco vendría, con el impuesto municipal en aumento también, a lo sumo
podría vivir en la escalera de la
Catedral.
Me voy a poner en campaña para hacerme un karting a bolilleros, como
cuando era chico. Así en vez de pagar para viajar mal, gasto la plata en otra
cosa…
El gil que pregunta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario