Ayer a la tarde salí del trabajo, pasé por el Parque España y me puse a mirar el río, en la onda "observo la naturaleza, el cielo abierto, el horizonte, me despejo, me entrego al goce de la contemplación". Me subí a esos bancos de cemento que están contra la baranda, iba caminando de uno en uno, sin dejar de mirar el río y las islas... hasta que en un momento veo que el horizonte desaparece, se me da vueltas todo y termino desparramado en el suelo. Se me escapó un ¡OH!, el perro de un hombre de la calle me empezó a ladrar, subrayando para todos los concurrentes mi imagen lamentable, con la rodilla golpeada por el canto del banco. Resultó que los bancos estaban en distintos niveles y mi pie no alcanzó la cima del banco siguiente. Desistí del momento de contacto con la naturaleza, y en vez de volver caminando a mi casa, tomé el 126...
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