Me voy a dormir, tarde,
porque estando como están las cosas, no puede ser de otra manera. Me vienen a
buscar el Tamborcito Tacuarí y Perón, que está armando un grupo de blues con
French, el de las escarapelas, que finalmente se separó de Berutti, que ahora
anda con Riobamba, tienen una hija que se llama Siberia. Me llevan de la mano,
de la izquierda, Niní Marshall, y de la derecha, mi tía bisabuela Ida, que soñó
como nadie a pesar de sus capacidades diferentes. Mientras camino veo a Tita
Merello, que puso un negocio de ropa con mi abuela Leonor; al lado de ellas, la Ruth Cambiaghi da
un taller de clown y comididad con mi tía Aurora; hay un bosque de Pico Dulce,
de repente aparece García Lorca con sus hadas; Edith Piaf está cagando a pedo a
Discépolo, que le quemó el vestido con la plancha. Mi abuela Mamamá trata de
calmarlos, pero justo cae Chaplin en ala-delta y rompe la tabla de planchar.
Canta entonces Cambalache, a duo con Discépolo. Osvaldo Miranda trae una
bandeja con varias copas de champagne; mi abuela Leonor se viste como la Mirtha , mi abuelo Ventura
finalmente cumple su sueño de ser un artista; Sofía Bozán canta un tango cómico
y me invita a bailar; me disputan ella y el Principito. Empiezan a llover
abrazos, nos escondemos todos detrás de una mirada de ternura, y la oreja de
una cabeza apoyada en el hombro del ser deseado y amado se ve en el cielo. Sale
el sol pero es verde; entre todos levantan la capa de sonrisas que cubre el
suelo y me envuelven en ella, y me arropan, como lo hacía mi abuela, y así me
duermo, poco a poco, y me olvido por un momento de mis manos vacías y de los
ogros jodidos: Impotencia, Desesperanza, Angustia y Enojo. Cierro los ojos y me
duermo, me duermo con todos ellos que me acompañan, termino un día para empezar
otro, y otra vez a apostar. Y si sigo perdiendo, me quedan mis duendes...
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