martes, 30 de octubre de 2012

Noche...


Me voy a dormir, tarde, porque estando como están las cosas, no puede ser de otra manera. Me vienen a buscar el Tamborcito Tacuarí y Perón, que está armando un grupo de blues con French, el de las escarapelas, que finalmente se separó de Berutti, que ahora anda con Riobamba, tienen una hija que se llama Siberia. Me llevan de la mano, de la izquierda, Niní Marshall, y de la derecha, mi tía bisabuela Ida, que soñó como nadie a pesar de sus capacidades diferentes. Mientras camino veo a Tita Merello, que puso un negocio de ropa con mi abuela Leonor; al lado de ellas, la Ruth Cambiaghi da un taller de clown y comididad con mi tía Aurora; hay un bosque de Pico Dulce, de repente aparece García Lorca con sus hadas; Edith Piaf está cagando a pedo a Discépolo, que le quemó el vestido con la plancha. Mi abuela Mamamá trata de calmarlos, pero justo cae Chaplin en ala-delta y rompe la tabla de planchar. Canta entonces Cambalache, a duo con Discépolo. Osvaldo Miranda trae una bandeja con varias copas de champagne; mi abuela Leonor se viste como la Mirtha, mi abuelo Ventura finalmente cumple su sueño de ser un artista; Sofía Bozán canta un tango cómico y me invita a bailar; me disputan ella y el Principito. Empiezan a llover abrazos, nos escondemos todos detrás de una mirada de ternura, y la oreja de una cabeza apoyada en el hombro del ser deseado y amado se ve en el cielo. Sale el sol pero es verde; entre todos levantan la capa de sonrisas que cubre el suelo y me envuelven en ella, y me arropan, como lo hacía mi abuela, y así me duermo, poco a poco, y me olvido por un momento de mis manos vacías y de los ogros jodidos: Impotencia, Desesperanza, Angustia y Enojo. Cierro los ojos y me duermo, me duermo con todos ellos que me acompañan, termino un día para empezar otro, y otra vez a apostar. Y si sigo perdiendo, me quedan mis duendes...

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